La ITV es una revisión de mínimos. No hay secretos. Si llevas el mantenimiento del coche al día, pasas el trámite sin problemas.

Pero la realidad que vemos bajo el elevador es otra.

Nos encontramos a diario con vehículos que se llevan la pegatina roja por una bombilla fundida o un limpiaparabrisas roto. Detalles ridículos. Cosas que arreglas tú mismo en casa en apenas cinco minutos. Como nadie quiere perder una mañana entera en la estación de Peligros o de Chauchina por una tontería, te contamos en qué nos fijamos los mecánicos y qué deberías comprobar antes de pedir cita.

Lo que debes revisar tú mismo en quince minutos

La mayoría de los fallos leves salen de aquí.

  • Alumbrado y señalización: Es el punto crítico. Pide a alguien que mire el coche por fuera mientras enciendes posición, cruce, largas, intermitentes, freno y marcha atrás. Un piloto de la matrícula fundido es falta leve. Ir sin una luz de cruce supone un defecto grave directo. Volverás a casa sin pegatina.
  • Neumáticos: El inspector no mira solo el dibujo. La profundidad legal mínima es de 1,6 mm, algo que verificas rápido con el chivato que lleva la propia banda de rodadura. Lo que buscan en el foso son deformaciones laterales o cortes profundos en los flancos. Ah, y asegúrate de que las ruedas de un mismo eje sean siempre de la misma marca y medida.
  • Limpiaparabrisas y claxon: Dale al mando. Las escobillas tienen que barrer el cristal sin dejar marcas. Si el implacable sol granadino las ha cuarteado, pon unas nuevas, que cuestan muy poco y evitan sustos con lluvia. Toca también el pito y echa un ojo al nivel del líquido lavaparabrisas.
  • Interior del habitáculo: Da un tirón seco a los cinturones de seguridad. Deben bloquearse al instante. El carrete tiene que recoger la cinta sin enganchones y los retrovisores no deben moverse de su sitio.

Los fallos graves que no se ven a simple vista

Aquí entran en juego nuestras máquinas.

Hay averías imposibles de cazar a ojo en la calle.

Frenos: el equilibrio marca la diferencia

En la estación no miran si el coche frena, sino cómo lo hace.

El frenómetro de rodillos mide la fuerza exacta de cada rueda. Si existe un desequilibrio superior al 30 % entre los frenos del mismo eje, tienes un defecto grave. A veces lo notas en la autovía porque el volante tira un poco hacia un lado al clavar el pedal. En el taller solemos encontrarnos con pastillas cristalizadas, discos alabeados o una pinza agarrotada que no suelta del todo.

Holguras mecánicas ocultas

El pan nuestro de cada día.

Metemos una barra para apalancar y forzar los trapecios y manguetas. Si hay un juego anormal bajo el chasis, canta enseguida. Una rótula de dirección con holgura o un «silentblock» reventado son motivos de rechazo directo. Son piezas que sufren muchísimo con los baches y, si fallan, la rueda pisa mal.

El examen de los gases

La prueba más temida por casi todos.

  • Motores diésel: Aquí se mide la opacidad, es decir, el humo negro. Si al pegar un acelerón en vacío sale una zorrera por el tubo de escape, te suspenden. Casi siempre hay detrás una válvula EGR bloqueada por la carbonilla o inyectores muy sucios.
  • Motores de gasolina: La sonda mide el factor lambda y el monóxido de carbono. Si salen altos, puede fallar la sonda o que el catalizador haya muerto. Y mucho cuidado: si llegas a la nave con el testigo amarillo de fallo motor encendido en el cuadro, el rechazo es inmediato.

¿Merece la pena pasar por el taller antes?

Depende del coche. Si haces tus revisiones cuando toca, bastará con mirar tú mismo las luces y gomas en el garaje.

Con vehículos más veteranos la cosa cambia.

También recomendamos esta revisión pre-ITV si acabas de comprar el coche de segunda mano y no te fías del todo. Nosotros lo subimos, analizamos los gases y revisamos los bajos. Los talleres movemos presupuestos orientativos y no vinculantes que varían según el modelo, pero una inspección preventiva cuesta poco y evita la pérdida de tiempo que supone la segunda visita obligatoria.

El secreto para la prueba de emisiones

Muchos cogen el coche frío por la mañana y se van directos a la estación.

Un error de manual.

El bloque motor necesita llegar a su temperatura ideal. Sal de casa con bastante margen. Métete por la circunvalación de Granada y lleva el motor alegre. Aguanta la aguja sobre las 3000 rpm en una marcha corta durante unos quince minutos. Al hacer esto elevas la temperatura del escape y quemas gran parte de la carbonilla acumulada por andar callejeando. Un tirón así salva muchísimas pruebas de opacidad.

La inspección técnica, al final, trata de que todos vayamos seguros por la carretera.