Guía completa
La correa que casi nadie tiene en la cabeza
La correa auxiliar, también llamada Poly-V o multicanal, mueve los componentes externos del motor: alternador, bomba de dirección asistida, compresor de aire acondicionado y, en algunos motores, también la bomba de agua. Es distinta de la correa de distribución, que sincroniza cigüeñal y árboles de levas dentro del motor. Mientras que la de distribución suele estar presente en la cabeza de cualquier conductor, la auxiliar pasa desapercibida — y por eso las roturas suelen pillar por sorpresa: alternador que deja de cargar, dirección que se endurece de golpe, aire acondicionado que se apaga en pleno agosto.
Cambio preventivo, no solo reactivo
La vida útil habitual está entre 60.000 y 100.000 km, según el fabricante. Como la operación es relativamente asequible (entre 90 y 280 €), tiene sentido adelantarse en lugar de esperar a que rompa en carretera.
Lo importante es cambiar el kit completo —correa, tensor y polea libre— y no solo la correa. El tensor es la pieza que más se desgasta, concretamente el rodamiento interno, y si se deja el viejo, la correa nueva pierde tensión en pocos miles de kilómetros y hay que volver.
Marcas que montamos
Gates, americana y equipo original en gran parte del mercado; Continental, alemana, proveedora habitual de muchos europeos; Dayco, italiana, opción profesional consolidada. Descartamos genéricos de vida corta: suelen durar entre 30.000 y 50.000 km, la mitad o menos de lo que corresponde.
Qué pasa si rompe sin avisar
Sin alternador, la batería deja de cargar y el coche aguanta rodando entre 30 y 40 minutos antes de apagarse — no conviene ignorarlo. Sin dirección asistida, el volante se pone muy duro de repente, especialmente notorio en maniobras de aparcamiento, y suele aparecer un aviso en el cuadro. Sin A/C, el coche funciona con normalidad pero sin refrigerar el habitáculo, algo que en pleno verano granadino se nota bastante. Y en los motores donde la bomba de agua depende de esta correa, la avería es más seria: el motor se queda sin refrigeración en pocos minutos, con riesgo real de daño.
Señales de que va a fallar pronto
Antes de romperse, la correa suele avisar: chirrido al arrancar en frío (pierde tensión y patina hasta que calienta), vibración perceptible al ralentí, restos de goma pulverizada en la zona de las poleas, o un tensor con holgura visible al moverlo a mano con el motor apagado. Si detectas alguno de estos síntomas, mejor programar el cambio antes de que decida romper por su cuenta.