Para entenderlo

La sonda lambda es el «olfato» del motor: mide el oxígeno que queda en el escape para que la centralita ajuste cuánta gasolina inyecta. En la provincia de Granada el motor pasa de la ciudad, casi al nivel del valle, a subidas de más de mil metros de desnivel en poco rato. Con menos oxígeno en el aire, la centralita depende todavía más de lo que le cuenta la sonda.

Mito y realidad

«Si el testigo dice sonda, es la sonda.» No siempre. Una fuga en el colector deja entrar aire y la sonda, que está bien, lee una mezcla pobre falsa.

«Las sondas se cambian por kilómetros.» Algunos fabricantes lo recomiendan, pero lo sensato es medir su respuesta.

«Una sonda mala solo sube el consumo.» También puede estropear el catalizador si la mezcla va rica mucho tiempo.

Cómo la comprobamos

  • Correcciones de mezcla: si la centralita lleva tiempo corrigiendo al máximo, algo no cuadra.
  • Señal: una sonda sana cambia rápido; una cansada, despacio.
  • Calefactor: tiene su propio circuito y su propio código.
  • Escape: buscamos fugas antes de la sonda.

La sonda de detrás

La que va después del catalizador vigila que este funcione. Si da error, puede ser ella o el propio catalizador; lo explicamos en la ficha del catalizador. Y si el motor da tirones o humo, revisa también la EGR.